“La  mejor razón para un resurgimiento de la filosofía es que, a menos que un hombre tenga una filosofía, le ocurrirán cosas ciertamente, horribles. Será práctico, progresista; cultivará la eficiencia; confiará en la evolución; realizará el trabajo que tenga más a mano; se dedicará a los hechos, no a las palabras. Así, derribado por sucesivos golpes de ciega estupidez y destino fortuito, andará a los tumbos hasta su miserable muerte, sin otro consuelo que una serie de reclamos, tales como los que antes catalogué. Todo esto no es más que un simple sustituto para los pensamientos. En algunos casos, son los apéndices y los extremos de los pensamientos de otro”. (CHESTERTON)

Hechos, no palabras. Es un hecho arrojar una piedra a un lago y es una palabra la que envía a un prisionero a la horca, o a una persona al destierro o la desesperación, sin trabajo, sin dignidad.

Es un hecho, como me comentaba un médico no hace muchos días mientras atendía a una de mis hijas de un ataque de estrés y ansiedad, y me preguntaba con curiosidad: “¿Qué ocurre en la aviación, que en el ultimo mes he atendido a más de 100 personas con cuadros clínicos similares, de diferentes compañías (que no voy a mencionar aquí), por el miedo a perder su trabajo o ser trasladados a otros lugares dejando atrás familia y tierra”.

Realmente existen palabras muy fútiles, y no ayuda esta filosofía que estamos viviendo, que está formada casi enteramente por estas palabras. Nuestro país ha perdido en esta crisis cerca de cien aviones, debido a desapariciones de compañías y recortes de capacidad, mientras tanto, el mundo financiero está descubriendo que sus empleados han aprendido algo en la escuela del sufrimiento, que es dónde se enseñan las lecciones de la vida.

¿Qué va quedando en el maltrecho sector si es que todavía puede llamársele así? Unos pocos independientes, perdidos y angustiados por sus problemas financieros, que vienen de lejos, antes de las subidas del petróleo, mientras las empresas poderosas, se esconden tras sus grandes alianzas con glamorosos nombres, utilizan los hechos como tirar la piedra y las palabras fútiles.

También nos queda el ‘Circo de las low cost’, dónde por hacer pis nos cobrarán una libra, o pagar por el ‘Speed Boarding’, dónde todos corren por llegar primero porque han pagado para ello.

Leí hace algunos años un poema hermoso, sobre la pena y que dice así: “Era yo niño y le dije a la Pena: Ven, contigo he de jugar. Ahora todo el día la tengo a la vera, y por las noches siempre me confiesa: “Mañana otra vez volveré, junto a ti, vendré y me quedaré”.

Pero a todos los que estamos en el transporte aéreo, les diría que la vocación da al ánimo la perseverancia y las proporciones del sacrificio y que el valor crece con el riesgo, los bríos se triplican en los lances apurados. El destino ha dispuesto, sin duda, que nos convirtamos en hombres grandes cuando tantos estorbos suscitan en nuestro camino.

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