Ha nevado en Madrid y con ello se ha paralizado todo el país. El cierre del aeropuerto de Barajas ha conllevado gentes atrapadas, vuelos cancelados, motines a bordo,… un verdadero caos que se podría paliar con algo muy sencillo: la previsión.

La Unidad Militar de Emergencias, UME; estaba preparada para el mal tiempo pero cuando la llamaron era ya demasiado tarde, ¿falta de previsión o simplemente inoperancia?

Mientras los políticos, digo bien, los políticos que dirigen Barajas, Aena y Fomento, eluden cualquier responsabilidad, son las compañías aéreas privadas las que, aunque afectadas, luchan contra la incapacidad y mantienen el tipo, pues se juegan mucho en esta partida. Aena, Iberia, Fomento, no hacen más que pasarse la pelota los unos a los otros instalando el caos en el país, aún sabiendo que no va a pasar nada, y dando una imagen internacional que da pena.

Creo francamente que, en general, a nadie le importa esta situación. Al sr. Fernando Conte o al sr Miguel Blesa, dirigentes de Iberia, todo esto les trae al pairo, al fin y al cabo, cuando dejen de estar donde están, no irán al INEM, sino a un nuevo puesto político de otra empresa controlada por el lobby político español.

No preveer con tiempo o no saber leer los informes que alertaban de lo que podía ocurrir es simplemente inadmisible, pero así es esta tierra nuestra. Dan ganas de pedir asilo en otro parte del globo y marcharse. Cada vez es mas difícil vivir en éste lleno de buscones, incapaces, envidiosos y embusteros y es que hay momentos en la vida de todo político en que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios. Como alguien dijo en una ocasión, los políticos son siempre lo mismo: prometen un puente aunque no haya río y en esta ocasión solo necesitábamos maquinas quitanieves. Los políticos que dirigen en general nuestro sistema de transportes,  que es una de las bases de la normalidad de un país, es hacer de cada solución un problema. ¿Por qué será que siempre procuran hacer lo posible en imposible? Y lo peor de todo es que aquí no hay quien dimita.

Capitulo aparte merece lo de Iberia que, desde la prepotencia de quien se considera con patente de corso, se permite tratar de cualquier manera a los pasajeros. Y para complicarlo aún más, las Autonomías quieren la cogestión de los aeropuertos. El futuro, con todas estas perlas, es realmente esperanzador, por no decir otra cosa. Si los que están ahora no pueden con lo que tienen, ¿como vamos a afrontar más gente? La vaca no da para más, sino que se lo pregunten a las compañías aéreas que en realidad se juegan su dinero y no a las que les importa muy poco tratar a los que compran su billete con la mayor de las indiferencias, tanto por parte de los que dirigen Iberia como a los que en su chaqueta llevan cuatro barras de oro y una estrella. Menos mal que la estrella no es la de David, sino una estrella de cobre.

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