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Todo el mundo habla sobre la crisis del transporte aéreo y algunos lo achacan  a las tasas aéreas, pero eso lo dicen los que no ven de lejos. El problema del transporte aéreo en España, por no decir mundial, es un problema de la estructura del negocio. Teniendo en cuenta que el combustible ha alcanzado entre el 40 y el 50 por ciento de los gastos estructurales de una empresa aérea, cualquier impacto positivo o negativo puede ser la salvación o el desastre.

El 80 por ciento de los billetes vendidos hasta la fecha se ha emitido al pasajero antes de la subida del precio del combustible, por lo que es imposible a estas alturas repercutirlo al cliente, porque la ley no permite repercutir sobre el precio final cualquier coste 21 días después de haber emitido el billete, o lo que es lo mismo, los billetes con los que muchos pasajeros viajan hoy se han vendido entre marzo o abril. Por lo que las compañías hoy se ven abocadas  a  dos cosas: reducir la oferta y plantilla de personal o a no mover ficha y quedarse como están.

Si mejora la situación después de una reestructuración, el daño es irreversible y si empeora es también irreversible. Muchos se dedican a hablar de las  magnitudes, porque para ellos es lo que manda, para mí en cambio es el drama personal.

Asegurar hoy el precio del combustible es una temeridad igualmente carísima y arriesgada. Si aseguras el barril a 130 dólares y baja 15 dólares por su volatilidad, el resultado es tremendo y si no lo aseguras el drama es parecido. Al final estamos ante una Tormenta Perfecta, que pasará una factura humana tremenda, porque a mi modo de ver no hay capacidad de innovación del negocio.

Se ha terminado la imaginación frente a los números y las magnitudes. Pero no toda esta crisis es culpa del combustible, los sindicatos deben exigir responsabilidades de la gestión de los últimos dos años, en lo que se llevarán una gran sorpresa.

Amargo sabe el pan ajeno, esto dijo Dante y eso es lo que van que tener que hacer todos aquellos que pierdan su puesto de trabajo.

Algunos pensarán que soy un demagogo ante esta situación, pero déjenme que les cuente cómo me siento sobre esta situación, con pena por todo lo que veo y permítanme esta licencia literaria:

Era yo niño y le dije a la Pena: “Ven, contigo he de jugar.” Ahora todo el día la tengo a mi vera, y por las noches siempre me confiesa: “Mañana otra vez volveré, junto a ti vendré y me quedaré”.

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