Opinión
Tomas Cano
Mano de cinco dedos

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Actualizado 31 agosto, 2011
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En esta vida o te retiras o te retiran. David Michael, Easyjet; Manny Fontenla, Thomas Cook; Joachim Hunold, Air Berlin; veremos qué pasa con los directivos de Tui. Todos se van ante la mirada pasiva de todos los hipócritas galopantes del sector turístico español.

No fue así cuando han cerrado otras compañías en España donde se ha desacreditado a algunas personas en su gestión, pero este país no es capaz de criticar a los poderosos por miedo. Nunca he creído en esa frase de que tus amigos los puedes contar con los dedos de una mano. Ni derecha ni izquierda, no puedes definitivamente contar con los dedos de tus manos a tus amigos, simplemente porque esa frase es solo una quimera o apreciación del momento.

Como dice la canción de Frank Sinatra: ‘The September of my years’, cuantos más septiembres tienes mas te das cuenta de que tus manos solo sirven para sostenerte a ti mismo.

He sido un hombre, como cualquier otro, con momentos de fortuna o prosperidad, pero también he pasado por el oscuro túnel del fracaso y el descrédito desconsolado, acompañado en algunos momentos de la desgracia personal como otras muchas personas, pero puedo jurarles por lo más sagrado que no me he llevado a mi casa, lo que se llevan los anteriormente mencionados.

Por todo lo cual, he llegado a la conclusión de que al amigo no puedes conocerlo en la prosperidad al igual que en la adversidad no puedes esconderte de tu enemigo. Llegas a la triste conclusión de que todo es vanidad en el mundo porque tanto el sabio como el necio mueren al final.

Lo que los hombres llamamos amistad, no es otra cosa que una alianza, una armonización recíproca de intereses, un intercambio de favores, en realidad no es más que un sistema de trueque en el que el amor propio se propone siempre lograr alguna ventaja.

Como dijo Swift: “Un solo enemigo puede hacer mas daño que el bien que puedan hacer diez amigos juntos”, porque al final los amigos nos abandonan con demasiada facilidad, pero nuestros enemigos son implacables. Lo que nos queda a lo largo de nuestros septiembres es el hecho de que la amistad perfecta nos exige siempre el poder pasar sin ella.

Los hombres, tal como son, se inclinan por naturaleza a ir en pos del dinero o del poder, y del poder porque vale tanto como el dinero. A todos estos que se van se les retira el poder, pero no el dinero ganado en algunos casos de las costillas del propio sector turístico.

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