El niño jugaba con su viejo avión. Por mas que lo lanzaba intentando alcanzar el cielo, volaba pero el avión siempre caia, perdiendo en el intento algunas de sus piezas.
En su soledad el niño jugaba con el avión de forma acompasada y siempre con el mismo deseo que alcanzara el firmamento, hasta que el avión perdia una o sus dos alas. En niño lloraba de forma entrecortada, porque había perdido su avión y ya no volaba. Secandose las lagrimas con las mangas de su camisa el niño lo arreglaba y volvía a su juego de lanzar el avión de nuevo
hasta que caia una vez más, después de un corto vuelo.
Así recurda hoy el viejo piloto su infancia sentado en un sillón en el trastero de su casa y mirando con ojos acuosos la estantería dónde descansaba su viejo avión, esperando a que otro niño juagara con él e intentar de nuevo alcanzar el cielo

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