HISTORIA DEL PIANO BAR “LA CUEVA DE MORA LUNA”

(Según los pergaminos encontrados en Granada por el abad Faría)

Poco antes del fin del milenio, más precisamente el 3 de junio de 1999 a las 3.45 horas de la madrugada, el abad Faría hizo sonar el timbre de la casa de Carlos en Buenos Aires de la Av. Rivadavia 9915 esquina Víctor Hugo de Capital Federal. Al abrir la puerta, el venerable anciano, presa de una gran ansiedad se precipitó al interior de la vivienda portando un viejo y gastado portafolio. Todavía jadeante pidió algo de beber y Carlos, haciendo honor a su sentido de la hospitalidad, descorchó la primera de una larga serie de botellas de tinto. Luego de reposar unos instantes, el abad extrajo del portafolio con cuidado extremo un abultado envoltorio dentro del cual había una enorme cantidad de manuscritos que Faría contó a Carlos había encontrado bajo una losa en una cueva en las inmediaciones de Ferreirola, pueblecito de la Taha de Pitres, en la Alpujarra Granadina,. Acompañando al vino con un potaje de coles y garbanzos que había sobrado de la cena, el abad y Carlos una vez que se aseguraron que no eran espiados por alguien, se enfrascaron en ordenar aquellos manuscritos amarillentos escritos en Ladino y Castellano antiguo.
Se trataba de la verdadera historia del bar conocido como “La Cueva de Mora Luna” a través de diferentes épocas y autores, compilados por manos desconocidas y de los importantes acontecimientos que sucedieron en dicho lugar a través de más de 500 años de historia. Pasadas algunas horas y momentos antes del alba decidieron retirarse a descansar y continuar el trabajo al día siguiente. Pero a media mañana, cuando Carlos se levantó, ya nada supo del abad ni de los pergaminos. Solo quedaban algunos restos de los mismo desperdigados por la sala y otros en el servicio. Tal vez el culpable fue el vino, las coles o ambas cosas, pero nunca más se supo de él. Días después, el 19 de junio Carlos emprendía su viaje a España en pos de comprobar la veracidad de aquellos escritos de los cuales él puede brindar un resumen que guardó en su memoria y de los cuales da fe.

1465. En Loja, Granada, nace quien sería conocida como “La Mora Luna”, hija ilegítima de Alí Hatar, (padre de Moraima) anciano alcalde de la ciudad, suegro de Boabdil, último sultán de Granada.

1843. Muerto su padre en batalla contra los cristianos a la avanzada edad de 90 años, la joven huye hacia las Alpujarras y se instala en el caserío de Mecina, en el barranco del torrentoso río Trevélez y con vista al magnifico cerro Corona.

1485. Poseedora de un carácter enérgico y de espíritu indómito, decide buscar por sí misma los recursos para su sustento. Tal es así que el 15 de septiembre de dicho año, y más precisamente a las tres de la tarde y quince minutos abre una posada que en poco tiempo gana fama sobretodo por viajeros y caravanas de comerciantes.

1558. A poco de ser introducidos los tomates desde el nuevo continente, a Mora Luna se le ocurre colocar una salsa elaborada con los mismos sobre unos panecillos que horneaba y como broche de oro un queso amasado por ella misma y que dio en llamarse “Al aum zarella” y que según los estudiosos puede definirse como el origen de la muzarella. No hace falta ser demasiado inteligente, para darse cuenta que Mora Luna bien puede considerársele como la inventora de la pizza.

1575. Ya centenaria un poco cansada, Mora Luna cede los derechos del bar a su fiel camarero Alí Hassán y se retira a Marruecos donde morirá a la avanzada edad de 120 años, rodeada de sus 20 hijos y sus incontables nietos que según estudios recientes dará origen a la actual familia real marroquí.

1609. El 7 de agosto a las 6 y 59 de la mañana se apersona en la puerta del negocio un notario real que en nombre de su majestad el rey Felipe II y amparado por cien hombres armados procede a labrar el acta de confiscación del bar por el real decreto de expulsión de los moriscos. El fiel Hassán abandona Granada pero antes esconde en los muros del bar, un amuleto que su patrona le había dado como recuerdo. Al retirarse, Alí se detiene un instante y mirando por última vez la silueta del establecimiento, lana un suspiro que conmueve incluso a os rudos gendarmes que lo custodiaban. (ésta es la verdadera versión del famoso “suspiro del moro” y no la tontería que le atribuye al hecho al sultán Boabdil, al mirar por última vez a Granada y las murallas de la Alhambra)

Nota. Este episodio puede constatarse en “Crueldades en la expulsión de los moriscos de Granada! De M. Brooks, volumen 18, páginas 3312 al 3314 en donde el autor no se le escapa la crueldad y sadismo de ese leguleyo chupatintas que debía hacer efectiva la orden a las siete de la mañana, pero no duda en hacerlo un minuto antes para agregar una cuota más zozobra y desesperación al buen Alí Hassán)

Trascurren 200 años que Carlos define como “época oscura del bar” tiempo en que el establecimiento va cambiando de manos sin que acontezcan hechos de relevancia (es imposible acordarse de todo; recuérdese que es una reconstrucción de memoria de los pergaminos del abate Faría)

1812. Producida la invasión napoleónica que ocupa toda la península a excepción de la ciudad de Cádiz, el mariscal Claude Víctor, comandante de las fuerzas situadoras de la plaza, y ante la imposibilidad de conquistarla tras dos años de asedio, pide refuerzos para lograrlo. Napoleón envía una fuerza expedicionaria de cien mil infantes y treinta mil de caballería que a marcha forzada cruzan la península por la ruta de Valencia. Para ocultar la marcha y lograr el efecto sorpresa, el coronel Gerard Champagne, al frete del ejército, decide atravesar por Las Alpujarras aprovechando las abruptas serranías del territorio. El 1 de agosto a las 22 horas y 43 minutos (según el parte diario de la marcha) hacen un alto para pernoctar en los bancales de Mecina, justo enfrente del bar que ya era conocido como “La Cueva de la Mora Luna” en honor a su fundadora. Es entonces quien por aquel entonces regenteaba el bar, don Manuel Rodríguez, conocedor del propósito de aquel ejército, e insuflado de valor patriótico arguye el plan de frenar el avance del ejército enemigo y para ello organiza continuos zaraos y verbenas con cante y baile y vino del lugar a mitad de precio. Los cien mil infantes y los treinta mil de caballería junto a todos los oficiales pasan 15 días en un continuo jolgorio. Cuando por fin todo el vino de la región se hubo acabado, y comenzaban a disiparse los vapores etílicos de la tropa, el comandante Gerard Champagne recibe el informe que ya todo era inútil pues el sitio de Cádiz había sido levantado, Es por esta razón que en la mayoría de los miles de bares gaditanos (gentilicio de los habitantes de Cádiz) persiste una bonita costumbre. La misma consiste en que el propietario invita diariamente a todos los presentes a la hora de mayor afluencia de clientes a un brindis en honor a “La Cueva de Mora Luna”

1887. Es empleado como lava copas un italiano errante y famélico llamado Espósito,

1889. El traidor italiano desaparece de La Alpujarra, y lo vemos convertido como el “Signore Espósito” en la corte de Humberto I presentando lo que atribuyó a su creación (los panecillos con tomate y queso de Mora Luna) y lo llamó “Margarita” y que dio origen a esa cosa que los italianos llaman “pizza”

1903. Un grupo de colchoneros vascos que vivían en Madrid, llegan a La Alpujarra para comprar lana para su fábrica de colchones. Tomando unos vinos en el bar deciden que a su regreso, formarían un club de fútbol y ese es el origen de Atlético de Madrid, que tanta gloria ha dado al deporte en España.
(de ahí el nombre de “colchoneros” que ostenta su afición)

1936-1939. Durante la Guerra Civil española, la frontera ante ambos bandos estuvo durante meses en el barranco de Trevélez y aún pueden verse restos de las trincheras en la ladra del Cerro Corona. No obstante el conflicto, se acordó entre los contendientes el uso del bar “La Cueva de Mora Luna”. En un primer acuerdo se determinó que los martes, jueves y sábado, lo frecuentarían los republicanos, y los miércoles, viernes y domingos los nacionales.
Pero a poco decidieron permutar los días pues la obligación de concurrir a la misa en los domingos, perjudicaba a los franquistas. Desde aquella época se conserva la costumbre del descanso semanal en los días lunes.

2003. Luego de décadas de abandono en los que el local fue utilizado como criadero de cerdos y por último como simple trastero, Carlos emprende las obras de reconstrucción y encuentre entre unas piedras, el amuleto que había ocultado Alí Hassán y que hoy se exhibe al público para fotografiarse con él. Por fin, el19 de septiembre de 2003 y esperando a las tres de la tarde y quince minutos para que se cumplieran exactamente 518 años desde su apertura, el bar reabre sus puertas convertido en “Piano-Bar La cueva de Mora Luna” desarrollando hasta la perfección la fórmula de la pizza. Hoy Carlos es conocido como el creador de la pizza alpujarreña. Para más datos, entrar en Google y preguntar por la Cueva de Mora Luna, la taha de Pitres, Granada.

Estos son los datos que recuerdo y de los cuales doy fe, afirmando que me encuentro en pleno goce de mis facultades mentales y libre de cualquier pócima o brebaje alucinante. Para terminar solo me resta que les estaría agradecido si llegan a ver al venerable abate Faría pues me gustaría saber que hizo con los pergaminos. Un abrazo para todos. Yo, Carlos, director del Mora Luna.

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