La aerolínea nacional malaya vuelve a encabezar las portadas de todos los medios de comunicación tras el accidente de su vuelo MH17.

Su Boeing 777 se precipitó contra el terreno mientras sobrevolaba el espacio aéreo ucraniano en su ruta Amsterdam-Kuala Lumpur con 295 personas a bordo.

En estos momentos toca esperar a que la investigación oficial esclarezca los sucedido.
Se trata de un accidente cuyas causas deberían darse a conocer rápidamente ya que se dispone de las cajas negras y de los restos del aparato, lo cual suele aportar información muy valiosa en estos casos.

La distancia que separa los restos permite stablecer si el aparato se desintegró en vuelo o cayó de una sola pieza. Los restos del fuselaje, los patrones de sus fisuras y los remaches que se emplean para ensamblar las piezas que lo componen permiten identificar si se produjo una explosión interna o externa, así como la zona de procedencia y su magnitud.
Las cajas negras revelarán rápidamente si se produjo alguna avería en el aparato.
Las imágenes radar y la información proporcionada por los múltiples testigos que avistaron el suceso también ayudarán a esclarecer lo ocurrido.

Todo lo anterior deja claro que nos encontramos ante un caso completamente distinto al del desaparcido MH370 y que lo sucedido debería tardar no mas de algunas semanas en conocerse.

Desde un punto de vista operativo no es sorprendente que una aerolínea sobrevuele espacios aéreos en conflicto. Cada vez que se producen hostilidades en una zona concreta se emiten unos comunicados dirigidos a las compañías aéreas y sus pilotos denominados NOTAM (Notice to Airmen) que informan sobre la situación y de las posibles restricciones impuestas sobre el espacio aéreo. Así sucedió con Libia y Siria, donde existen en la actualidad restricciones de sobrevuelo y por donde la mayoría de las compañías han decidido no operar.

En las últimas semanas se han venido publicando una serie de NOTAMs respecto del espacio aéreo Ucraniano en el que se reflejaban tensiones entre Ucrania y Rusia sobre la soberanía del espacio aéreo de la península de Crimea. No obstante y salvo por algunas zonas reservadas a uso militar, dicho espacio aéreo ha permanecido abierto.
Las compañías aéreas presentan sus planes de vuelo sobre las zonas y rutas que estan abiertas al tránsito aéreo por los paises que tienen soberanía sobre las mismas. Es decir, el plan de vuelo del MH17 estaba autorizado por el control ucraniano para penetrar en su espacio aéreo. De haber cambiado las circunstancias, lo normal es pedir al aparato que se desvie de su ruta u obligarle a aterrizar en un caso extremo. Derribar un avión lleno de pasajeros es una decisión impensable para un gobierno, sobretodo cuando este pertenece a un país con el que no se dan hostilidades.
La mayor parte de la munición o artillería al alcance de pequeños grupos armados (incluyendo bazucas) son incapaces de sobrepasar los 20.000 pies y menos aun alcanzar a un jet a 33.000 pies y 900 kms por hora. Ello hace que sólo los ejércitos sean normalmente capaces de derribar un avión y por ello no se suelen cerrar los espacios aéreos donde existen hostilidades con guerrillas o pequeños grupos armados como en el caso de Ucrania.
Como consecuencia de lo sucedido, la mayor parte de las aerolíneas han decidido ahora evitar el dicho espacio aéreo hasta se normalice la situación.

El hecho de que hasta ahora se haya venido sobrevolando esta zona de forma regular no significa que las compañías hayan sido irresponsables, ya que sobrevolar espacios aéreos en conflicto no es inusual y también porque la inmensa mayoría de los paises son firmantes de un pacto de no agresión a la aviación comercial que raras veces se ha infringido desde que fuese firmado en Chicago en 1944.

Mis más sentidas condolencias a los familiares de los pasajeros del MH17 y al mundo de la aviación por este trágico accidente. TOMAS CANO

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