Ya que los cuerdos no hablan, habla un loco de la aviación.
Yo, un loco que ha amado su locura, Si más que los cuerdos sus libros, sus bolsas y sus hogares tranquilos. O su fama en boca de los hombres.
Un loco que en todos sus días nunca ha hecho una cosa prudente. Nunca ha calculado el costo, ni contaba lo que otro cosechaba. El fruto de su ingente siembra, contento con derramar la semilla.
Un loco que es impenitente, y que pronto al final de todo reirá en su corazón solitario cuando el grano maduro caiga en los graneros, y los pobres sean llenos que andaban vacios, aunque el ande hambriento.
Yo he derramado los esplendidos días que el Señor dió a mi juventud intentando cosas imposibles, juzgando que solo ellas valían la pena ¿Fue locura o gracia?; solo Dios me juzgara, no los hombres:
Yo he derramado los esplendidos años.
Oh Dios, si tuviera los años los derramaría de nuevo. Porque esto escuche en mi corazón: que un hombre debe derramar, no muñir. Hacer el hecho de hoy, no cuidar de los mañanas. No debe negociar ni regatear con Dios.
Los leguleyos se han sentado en concejo, los hombres de caras largas y listas, y han dicho ” Este hombre es loco”, y otros han dicho : “blasfema”
Oh cuerdos, adivinarme esto: ¿ Y que si el sueño resulta verdad?
¿ Si el sueño se realiza, y los aún no nacidos habitasen en la casa que yo hice en mi corazón, la noble casa de mi pensamiento?
Habeis de ser locos como yo: derramar y no ahorrar; aventurarlo todo, no sea que perdaís lo que es más que todo.
TOMAS CANO
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