Hace años lei esta historia de Morris West, y que vengo a relatar transcurria la invasión del vietcong y Saigón estaba a punto de caer en manos de Vietnam del Norte.
” Mi atención se vio desviada bruscamente por un resplandor de color y movimiento. A unos cincuenta metros más adelante vi las tejas azul brillantes, los aleros terminados en punta y el dorado de las maderas de una pagoda.
En su entrada había tres monjes; dos jóvenes que conducían a uno muy anciano. Le llevaron hasta el borde del sendero, dónde extendieron una pequeña alfombra y le ayudaron a sentarse sobre ella. Uno de los monjes jóvenes depositó un cacharro de barro al alcance de la mano. Se inclinaron respetuosamente y se retiraron en dirección a la pagoda, de manera que el anciano quedó allí sentado, solitario e inmóvil, único observador de nuestro paso.
Aún no habíamos llegado frente a él cuando vi que levantaba el cacharro de barro y derramaba el contenido sobre su cabeza, como si estuviera efectuando una adlución ritual. El liquido le corrió por el rostro y los hombros manchando su túnica amarilla y la alfombra sobre la cual estaba sentado. Entonces, muy deliberadamente, dejó el recipiente a un lado, hurgó en su túnica y extrajo un mechaero. Al encenderlo, se escuchó una explosión ahogada y todo su cuerpo floreció en llamas.
En ese instante suspendido alcancé a ver el rosto del anciano. Estaba cubierto y coronado en llamas; pero sus ojos estaban cerrados, sus labios entreabiertos con la sonrisa de Buda y estaba sentado inmóvil y en silencio, esperando que el fuego le consumiera.”
Toda esta historia quizá sea el medio de recordarme que no sé nada, que el mundo en el que vivimos no dejará nunca de sorprendernos o escapársenos
TOMAS CANO

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