Muchas veces he paseado por la portuense calle de San Francisco. Hoy en cambio voy a ver a la Virgen de las Angustias, siempre entro y me siento en uno de los bancos más cercanos al altar, no sabría explicarte lo que me embarga en estas ocasiones. Suelo rezar una de las muchas oraciones que me enseñaron de niño, en el orfanato de franciscanas. Siempre me acuerdo de ti, en esos momentos, porque marcaste mi vida querido Fernando.
Cada vez que llega el 12 de Septiembre, una sensación extraña de tristeza me embarga mi alma y mi mente ¡Cuanto te echo de menos¡.
Un zafio y patán me dijo una vez que tu muerte había sido mi suerte, pobre estúpido. Cuan equivocado estaba, porque fuiste mi maestro y en algunos momentos mi padre.
Esta mañana no sabría explicarte la razón, me he sentado en mi despacho y he recogido un montón de fotos y única y exclusivamente eran fotos que me recordaban Hispania y en las que tu aparecias.
Cuando en esa hermosa iglesia hablo contigo, se que no puedo oirte, pero en cambio se que tu me escuchas.
Tu sabes porque me conoces bien que soy una persona que no decaigo, que sigo luchando y seguiré luchando, como tu me enseñaste. Tu has pasado por la experiencia de vivir y abandonar este mundo y ver con tus propios ojos “La última noche de los caciques”. Te hago saber que siguen todavia por aquí; ojalá creyera en la religión tibetana para poderte hacer cantar las Sutras de la reencarnación y algún día poder vernos de nuevo.
Quiero que sepas que para mi y otros muchos sigues vivo, aunque no podamos verte y que por lo menos por mi parte seguirás vivo, vivo hasta el último latido de mi corazón.
TOMAS CANO

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