Refugiado, feliz pero al fin y al cabo refugiado, con su cabeza alzada sobre sus enemigos y en ocasiones preguntandose desde lo más profundo si mismo, con el fin de superar sus dudas sobre su propia fé ¿A quien he de temer?; mi dios es la fortaleza de mi vida, ¿ por quien he de temblar? ; mi dios me da cobijo en roca elevada. Mientras todos estos pensamientos rondaban en  su cabeza, sentado en el interior de su secilla habitación, frente al lagar, mirando fijamente las llamas y el crepitar de la leña, en un viejo y raido sillón de estilo inglés que en su tiempo fue de color rojo, y con el paso del tiempo, más bien tiraba a un color rosaceo.
Desde la ventana veía nevar, los copos caían en una danza extraña, debido a la ventisca.
Esa roca elevada, desde dónde contemplaba ver posar los copos de nieve, había sido testigo de la lucha encarnizada entre los últimos moriscos y cristianos, combatidos ferozmente por el Marqués de los Vélez y el Marqués de Móndejar. Los monfies estaban a las órdenes del falso rey de Granada Aben Humeya.
Cierto era que estaba rodeado de montañas e historia, pero una y otra vez, sus pensamientos estaban sin saber porqué, encaminados a recordar su infancia y juventud, con no más de doce años, su pasión eran los aviones.  Le explicaba a su anciana abuela, como volaban y ¿porque?, ella le miraba con expresión de profundo interés y sorpresa, las facciones de su cara, a pesar de las muchas arrugas producidas como consecuencia del paso de los años,y el sufrimiento de una guerra, no le impedian esbozar una sonrisa unida a una mirada, con su ojos oscuros y pequeños que irradiaban amor. Le explicaba quie era Antoine de Saint Exupery , y sus famosos libros, el aspiraba a seguir su ejemplo, seguir el surco de su estela, pobre infeliz, personas como Antoine son excepcionales, estas personas son inimitables, son únicas, son un ejemplo para la posteridad.
Hoy el hombre intenta comprender la vida, mirando hacia el pasado, pero es consciente que la vida debe ser vivida, con la mirada puesta hacia adelante. A pesar de que estamos solos, vivimos solos, morimos solos, solo nos queda la posibilidad de una amistad, para poder sobrellevarla, y amar todos los momentos felíces, estos nos sirven de fino colchón para la vejez.
TOMAS CANO

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