Desconozco quienes están detras de AEA SOLIDARIA, pero me alegro cada vez que via Facebook recibo fotografías de sus actividades, los niños. Esos niños que tienen un corazón como el cemento húmedo, y que todo lo que les rodea les deja siempre marca. Yo les llamo corazones rotos, y en ocasiones con el amor y cariño de las personas, que les ayudan llegan a recomponerlo, porque son como he mencionado anteriormente de cemento húmedo y podemos ayudarles a paliar su sufrimiento.

En esas fotos, veo mucho más que las caras de esos niños, llego a ver su interior y quien mejor que una persona que con cinco años entro en un orfanato y lo abnadonó con trece. Nuetra mayor alegría era cuando nos venían a visitar y nos traían en aquella época pequeños regalos, ropa, pero sobre todo amor. Había otro momento de cierta alegría cuando llegaba la ayuda desde Estados Unidos en forma de leche en polvo y queso parecido al chedar por su color, pero no lo era. Hay tanta necesidad entre nosotros que algunos estamos ciegos y no vemos más allá. Las familias desarraigadas con niños con el corazón roto, que carecen a veces de la educación adecuada que esperan con ilusión a las personas de AEA SOLIDARIA.

No tiene precio lo que hacen sus esfuerzos y su cariño y amor hacía esos personajillos, que solo demandan un abrazo que cuando se acuestan te piden un abrazo, nada más.

Recuerdo que cuando estaba en ese centro de acogida, eramos setenta niños algunos con problemas de sindrome de dawn, o meningiticos, nosotros no percibíamos ninguno de esos sintomas, mis recuerdos me llevan a aquellas madrugadas antes de que el sol nos advitiera del nuevo día, en la que alguno se había hecho pis en la cama entre todos cambiabamos las sabanas y le dabamos la vuelta al colchón para que las monjas franciscanas no pudieran detectarlo, y evitar de esa forma que frente a todos fueran golpeados con una fina vara para escarnio y aviso de que no iban a consentir semejantes deslices.

Desde aquí quiero hacer llegar mi profundo agradecimiento a las actividades de AEA SOLIDARIA, en su lucha porque esos corazones rotos se reconpongan gracias al cemento húmedo que cada niño posee, por educarlos y sobre todo por evitar en la medida de lo posible el sufrimiento de un niño.

Soy consciente de que hay otras muchas organizaciones, y personas que dedican su tiempo libre o su vida hasta el final, con el fin de evitar, lo que el mundo debería entender  como una obligación hacia esa pequeñas criaturas de corazón limpio, que solo anhelan, un abrazo, un te quiero.

Yo desde mi humilde pluma me adhiro a estas iniciativas y extiendo mi mano o manos para ayudar.

Yo ya pasé por eso eran años difíciles, pero en el siglo que vivimos ya debería estar erradicada de por vida el que en el mundo hayan más corazones rotos. Vaya por delante mi respeto y admiración por su innegable esfuerzo.

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