Definitivamente dijo que NO a viajar en business, no se en que compañía volaba solo que lo hacía a Los Angeles, quien lo ha pagado yo creo que como siempre el pueblo, somos tan magnanimos. Tal vez para descansar o  como el que no quiere visitar a los Bardem, cómicos que defienden a cómicos. y nos toman el pelo a todos los que no vivimos en Los Angeles.

Mi padre fué cómico a pesar de las penurias, que conlleva ser cómico jamas le le oi comentar sus tristes penurias, posadas con insectos, sueldos miserables,  sino de forma breve, con algún comentario que a veces eran apenas un susurro, para él contaban más, sus exitos.

En fin viendo la foto del Sr Sanchez, comodamente acunado en su asiento, en un duermevela, que es lo que suele ocurrir en los viajes de largo radio, es poco frecuente un sueño profundo, he pensado que tal vez, si de verdad lo conoce se repetía en voz baja, muy baja para que solo lo oyera su conciencia el cuento de Sir Patrick Spence.

“En la ciudad de Dumferling, se hallaba el rey que vino rojo como sangre bebe:

¿Es que ningún buen marino encontraré que sepa llevar mi barco?

Un anciano caballero toma la palabra, sentado a la derecha del rey: Sobre los mares nunca ha habido mejor marino que Sir Patrick Spencer. En seguida le escribe el rey misiva que con su ropia mano firma. Y a Sir Patrick Spencer la envía, quien por la arena caminaba. La primera línea que Sir Patrick lee fuerte risa le provoca: Y la siguiente que lee de lágrimas ciega sus ojos.

Quien este mal haya hecho a mi me lo ha ido a hacer, ¡ enviarme en esta época a navegar por el mar¡. Apresuraros mis hombres, al alba hemos de zarpar, No diga eso, señor nuestro pues temo mortal borrasca. Ayer vi la luna nueva que de la vieja iba del brazo, y mucho me temo, mi buen señor, que en desastre acabe todo.

Poco quieren nuestros nobles escoceses remojar sus armaduras, pero ante las palabras de su señor muy entusiastas le siguen. Y mucho esperaron sus damas a sus abanicos abrazadas, pues a Sir Patrick Spencer querían ver regresar a su hogar. Y mucho esperaron sus damas con peinetas en los cabellos, que volvieran sus amados dueños a los que no verían ya más.

Tan sólo a media hora de Aberdour, a quince brazas de hondura, yace el buen Sir Patrick Spence, y sus fieles nobles le acompañan.

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