Escribo sobre los aviadores, los pilotos. Hubo una época en que la opinión publica los consideraba los” heroes de los cielos”. A pesar de que en la búsqueda de la seguridad, se ha conseguido que los aviones están destinados a volar en gran medida por si mismos, yo sigo desconcertado cuando veo accidentes, que por una cantidad de pequeños errores, las cabinas a veces se vuelven o reconvierten en alta tecnología en una trampa mortal.
Que se lo pregunten, es un decir  con todo mi respeto a Marc Dubois 58 años, Pierre-Cedric Bonin 32 años, pilotos del Air France 447 de Rio a Paris. O a mis compañeros Agustín Comerón e Isabel. A pesar de ello leo a veces opiniones cuando hablo de esta profesión, con  calificativos de “sin dramatizar”, o por ejemplo “cursi”.
Partida de inbeciles los que carecen de conocimientos pero que bajo seudonimos pueden mostrar su desconocimiento de una profesión, que debe luchar contra los elementos y a veces contra la propia tecnología y que en ocasiones les lleva a entrar en pleno vuelo en la oscuridad de sus cabinas, cuyo silencio es interrumpido por el golpeo constante de cristales de hielo golpenado sus parabrisas, y en algunas ocasiones solo en algunas por todos los demonios, no les ha quedado más que encogerse de hombros y esperar la oscuridad definitiva, y que al final los  que quedamos aquí les echemos la culpa de todo.

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