Es demencial. Hemos cambiado de siglo hace apenas unos años, y da la impresión que el mundo siempre ha sido como hoy. Demencial. Hemos olvidado nuestros orígenes. Es despertarse cada día en medio de una pesadilla real sin pies ni cabeza, sin principio, sin cambios, sumidos en el caos y con solo un final visible: la autodestrucción,con  independencias politicas  a la carta..

El siglo pasado parece un sueño irreal. Había principios, valores, respeto, pudor, familia, elegancia, integridad, afán de conocer, honestidad, interés por aprender y por saber, por viajar, había decencia, anhelos por mejorar, por crear, por evolucionar.

En éste siglo, el de la pesadilla real, nadie quiere trabajar, ni sacrificarse estudiando para aprender y prosperar decentemente, ni en tener la disciplina indispensable para evolucionar tal y como la madre naturaleza, la lógica y la inteligencia siempre han dictado desde que el mundo es mundo y hoy parecen no tener sentido ya más.

Hoy la mentira, el hurto, el desfalco o el robo, lo vulgar, lo indigno, lo mezquino, el egoísmo, la traición y lo mediocre, la indiferencia, el oportunismo, la falacia del ‘todos somos iguales’, sazonado con una generosa ración de ‘salsa’ de cobardía, ignorancia y desvergüenza lo abraza todo. La falta de respeto, empezando por la de uno mismo, la pobreza ética, profesional, moral y la carencia de autoestima, convierte a nuestras ‘sociedades’ en escoria decadente y huele a podredumbre, a pesadilla y a destrucción.

Convertidas las religiones y los políticos en mafias, los bancos y las multinacionales en carroñeros codiciosos incontrolados e insaciables, las sociedades manipuladas, incultas e ignorantes por los intereses políticos del control egoísta de los votos electorales, salvando las mínimas excepciones personales de rigor, solo son hoy un engranaje más de la maquinaria que nos autodestruye sin mirar y sin querer mirar hacia adelante.

Los representantes sindicales, bastión por antonomasia en la defensa de los trabajadores, son los que hoy, proponen y negocian los eres con las empresas echando a la calle a sus compañeros y afiliados a los que juraron defender y representar, pero que a la hora de la verdad, solo defienden sus mezquinos y egoístas intereses particulares sin tener el conocimiento para negociar, ofrecer soluciones alternativas, ni el valor para luchar y defender como hombres de lo que se quejan y lamentan como mujeres.

Los profesionales, sus familias, sus deudas y su futuro no le importan a nadie. Todos los sindicatos te cobran mensualmente mientras trabajas. Cuando te echan, nadie te reconoce.

Lo dicho: fucking human factor.

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