El peaje de la autopista se acercaba y estaba oscureciendo, esta anécdota es real.

El peaje no tenía todos sus cajeros en batería , todo lo contrario estaban en una configuración totalmente desordenada.

El conductor llega  a la calle para el pago y frena su coche cerca de la barrera justo al lado del cajero de la calle lateral.

El hombre mira a su izquierda y no ve el cajero automatico para pagar con tarjeta el importe de su  peaje.

Su primera reacción es preguntarse dónde esta el cajero, y queda totalmente desubicado. ¡Dios mio se dice cada día lo hacen más difícil¡

Le pide  al ocupante que le acompañaba, su esposa obviamente,  que se baje e inroduzca la tarjeta de crédito en el cajero que le queda a la derecha. La mujer se baja pero no encuentra ranura para insertar la tarjeta, ya que es la parte trasera.

¡ José que no hay ranura para la tarjeta¡ le grita

Empieza a cabrearse con el concesinario de la autopista, su esposa  no encuentra la ranura dónde introducir la tarjeta como he dicho antes , el le contesta ¡ mira si puedes por la parte de delante de ese cajero¡; la esposa le dice que si que ya lo ha encontrado inserta la tarjeta y se abre la barrera de la calle contigua, a lo que el coche que estaba parado para pagar le dice ¡gracias señora¡.

El mosqueo es mayúsculo hasta que el conductor se percata de que ha parado su automóvil antes del cajero que pertenece a esa calle. A todo esto entre los bozinazos de los coches que hacen cola todo se produce a gritos y el espectáculo para los que esperan cruzar el peaje es kafquiano.

Por fin se da cuenta de que su punto de pago esta unos metros más adelante y gracias a Dios encuentra el cajero que le corresponde y dejan de oirse lo bozinazos e imprecaciones de los conductores que llevan esperando un buen rato.

Abandonan el peaje con la regañina de la esposa, rogándole ¡José deja ya de conducir un día nos matamos¡

 

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