En ocasiones me acerco, hasta donde reposan mis padres, se fueron casi, sin poderles decir cuanto les quería. Cuando me siento frente a sus frias lápidas, les pregunto por mi vida y mis preguntas van hacía el cielo como volutas de un fuego, o tal vez alcanzan el universo infinito.

Dónde están aquellos a los que considere mi familia, aunque no corra por sus venas la misma sangre. Sino por aquellos que una vez fueron y ya no son los mismos que encontré en mi vida durante mis años en el transporte aéreo, aquellos que te pedían para que incorporaras más aviones o de lo contario su compañía desaparecería, por los que se hicieron pilotos a mi vera, mecánicos, auxiliares, técnicos de operaciones jefes de escala. Todo cuanto hice por ellos lo volvería a hacer .

¿Dónde están todos ellos en estos momentos?

La respuesta que obtengo es siempre la misma —Ama a tus hermanos, al final son todos hijos del mismo padre—

Siempre hay un pero, en la vida y no dejan de repetirme “si la obra de tu vida puedes ver destrozada y sin decir palabra volver a comenzar eres un hombre hijo mío y eso es exuberante.

Cuando me siento odiado, no soy capaz de odiar, a pesar de que lucho y me defiendo, ¿Sigo siendo entonces un hombre?

¿Por qué ese fervor por odiarnos los unos a los otros?

¡ Porque la memoria es corta y la ambición es grande¡

¿Qué grandes mentiras son el fracaso y el triunfo, la respuesta es siempre la misma. ¡ Conserva la cabeza¡

Probablemente si sigues haciéndote estas preguntas y eres capaz de asumir las respuestas, cuando mueras, por lo menos dirán de ti que eras un hombre, no esperes que digan más y eso hijo mío es mucho, no todos en general llegan a ser hombres.

 

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