El de actitud reconocida para dirigir acertadamente los negocios políticos de una nación.
Hemos cambiado a los hombres de estado por el lápiz de color azul de Stalin.
Estamos sumergidos igual que en un rio, rodeados de sangijuelas que se pegan con testarudez de los malos recuerdos.
En nuestro País reverberaban las esplandecientes payasadas de la Muerte— el comediante— y de la Vida— el actor serio un dúo que nunca se rompe.
Los políticos están ejerciendo una presión indiscutible sobre todos los vivos que estamos muriendo.
¿Dónde está el hombre de Estado?.
Lo veo, si lo veo. Veo sus ojos mientras me mira, humedecidos por la pátina de las lágrimas.
Este es mi País. Solo hay una cosa más difícil que saber qué es lo correcto, y es hacer lo correcto.
En mi País soy hijo de decenas de miles de familias, hermano menor de decenas de miles de vidas casi marchitas, hermano mayor de decenas de millares de criaturas que no tienen casa y en algunos casos pasan hambre todo el tiempo.
¿Dónde está el hombre de Estado?

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