Cuando hablamos de descriminación por edad en el trabajo, se nos escapa aparte de factores tan importantes como poder mantener la familia, en muchos casos.
El hecho irrefutable de que no poder tener en el  horizonte una oportunidad de trabajo, nos lleva a una muerte como ser humano. Es el  naufragio de un ser humano. Que se ve abocado a esperar la llegada al puerto definitivo, dónde se termina toda esperanza.
Hay quien pagaría por estar ya jubilado pero otros no.
Cuando llegamos a esta situación, nadie quiere decir francamente que lo que le espera al final no es más que la muerte, como trabajador como un ser perecedero, mortal o efímero.
Pero a quien le importa, a casi nadie.
Todos debemos soñar. Soñar con darnos esperanza. Dejar de soñar que es lo que hoy provocan  muchas empresas.es como decir que nunca puedes cambiar tu destino.
A todos nos queda la experiencia personal, de que el verdadero sabor, la verdadera diversión, la emoción continua del trabajo se encuentra en el placer de hacerlo y no en  lugar de tenerlo terminado.
Solo hay una razón para vivir, si tienes algo por lo que merezca la pena morir.
Pero al final lo que nos hace humanos es que somos las únicas criaturas de éste planeta capaces de jodernos a nosotros mismos.

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